Hace 6 días vine a España otra vez. Creo que nunca llegaré a acostumbrarme a este calor y humedad que te pega cuando bajas del avión en el aeropuerto Alicante-Elche. Se distingue mucho del aire del avión que es demasiado seco y frío gracias al aire acondicionado; o del aire de Polonia. Cuando vinimos a Alicante con Javi, nos esperaban sus padres.
Fuimos a un centro comercial grande a cenar, un poco cansados. Eso es una cosa muy característica de España: las cenas son fuertes. Casi toda la comida consumida para la cena por los españoles es frita y contiene carne. Ese día dije "adiós" a mi yogur natural para cenar.
La típica cena del restaurante Foster Hollywood:
La típica cena del restaurante Foster Hollywood:
Aquí ya mas sano, delicioso marisco hecho casero:
Y una merienda de ¨100 montaditos¨
El otro día empezamos con la cita de dentista. Cuando vinimos al centro dentistico, las dependientas eran demasiado majas. (Luego ya cuando por un error de la dentista me hicieron pagar y Javi se fue a pelear, supongo que ya no estuvieron tan majas con el).
Yo siendo polaca no estoy acostumbrada que la gente fuera me trate con cariño y sonríe sin parar. Es majo, no lo niego. Y eso pasa con la mayoría de la gente! Cualquier persona preguntada por camino u otra cosa te responde con una sonrisa enorme, explicando todo con detalles y a veces te lleva al sitio donde quieres ir, porque se ocurre que coincidís con el camino. La gente desconocida es cordial.
Unos días pasamos entre playa, piscina y paseos marítimos y ayer llegamos a Andalucía, a la región de Jaén. El viaje duró cuatro horas y fuimos a la casa de los abuelos de Javi. ¡Que gente mas maja! Nos recibieron con dos besos (como exige la tradición), con la comida, y historias de su juventud. Me dijeron un mil de piropos que siempre me avergüenza, además si vienen de la gente recién conocida. Nos enseñaron los álbumes de fotos familiares y todo contaban con detalles. Su casa se parecía a una típica casa de las series españolas: los muebles de madera, muchos ornamentos, y entre ellos la mayoría eran religiosos. Y una cosa que me sorprendió: calefacción en que el combustible eran... los huesos de aceitunas! Es muy típico de aquí, sobre todo para utilizar todo de olivas. Los huesos se pican y echan a la caldera.
Luego por la noche salimos fuera a tomar algo con amigos de Javi y volvimos a casa a las tres de la mañana. Ha sido un día muy intensivo. Por eso hoy necesitaba dormir más. Me levanté a las once y cuarto, estuve sola en el piso porque mi chico se fue a hacer algunas gestiones. Me lavé el pelo y quería secarlo en el balcón (que solía hacer cuando estuve de Erasmus en Linares). Para salir a la azotea tenía que desplazar unos trastos que impedían abrir la puerta. Luego tuve otro problema: la persiana no subía mas que medio metro desde el suelo. Pero con mi determinación salí gracias a mi flexibilidad. Cuando salí, me di cuenta que me estaba observando un hombre desde abajo. Pero pensé que si ya estaba allí, había que aprovechar el buen tiempo y secar mi pelo. Luego entré a casa y escuché el timbre. Pensaba que era el cartero con una carta importante que la esperaba Javi, pues contesté...
-¿Si?
-¿Pedro? -dijo una voz femenina pensando que el padre de Javi ha vuelto al piso.
-Pedro no está. -contesté corto.
-¿Quien eres? -preguntó la voz sorprendida. Yo no he dicho nada porque lo veía ridículo decir quien soy yo a una mujer de la calle que no la conozco.
-¿QUÉ QUIEN ERES?! - gritó la mujer.
Colgué el citofono un poco rayada. Dos minutos después escucho el timbre de la puerta intensivo y luego los golpes. También escuché que vino algún hombre y empezaron a gritar algunas cosas, que alguien esta en el piso, etc. Pensé "Ya está. Por la benevolencia de los españoles (que también es una cosa muy típica de aquí) seguro que llamarán a la guardia civil para informar de que alguien está en el piso y me espera un lío. Asustada de los golpes que no paraban, llamé a Javi contándole un poco la situación. Por suerte estaba cerca, subió y aclaró todo. Se ocurrió que todo el jaleo fue provocado por una tubería de la que goteaba agua y llamaban a todos los pisos para comprobar de donde salía. Cuando hablaban y miraban todo esto yo por supuesto no salía del cuarto.
-¿Pedro? -dijo una voz femenina pensando que el padre de Javi ha vuelto al piso.
-Pedro no está. -contesté corto.
-¿Quien eres? -preguntó la voz sorprendida. Yo no he dicho nada porque lo veía ridículo decir quien soy yo a una mujer de la calle que no la conozco.
-¿QUÉ QUIEN ERES?! - gritó la mujer.
Colgué el citofono un poco rayada. Dos minutos después escucho el timbre de la puerta intensivo y luego los golpes. También escuché que vino algún hombre y empezaron a gritar algunas cosas, que alguien esta en el piso, etc. Pensé "Ya está. Por la benevolencia de los españoles (que también es una cosa muy típica de aquí) seguro que llamarán a la guardia civil para informar de que alguien está en el piso y me espera un lío. Asustada de los golpes que no paraban, llamé a Javi contándole un poco la situación. Por suerte estaba cerca, subió y aclaró todo. Se ocurrió que todo el jaleo fue provocado por una tubería de la que goteaba agua y llamaban a todos los pisos para comprobar de donde salía. Cuando hablaban y miraban todo esto yo por supuesto no salía del cuarto.
Luego este día fuimos a jugar el tenis y estuvo genial! Empezamos a jugar a las 21 y acabamos a las 23, y muchas veces cuando la pelota estaba en el aire, un murciélago intentaba cazarla. Que casi Javi le pegó una vez con la raqueta. Fue la primera vez cuando jugaba tenis y me gustó mucho. Además gané!








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