Las cifras

miércoles, 18 de julio de 2018

Calor y alitas de pollo

Estoy derrotada del calor. En la cama. Por la puerta abierta entra al cuarto el olor de alitas de pollo que están siendo preparadas. Me gusta el olor, mas bien porque tengo hambre.

Estoy en una ciudad grande con playa. Cada día me meto en la piscina o mar y la verdad es que esto te da la vida esos días calurosos y húmedos.
He pasado la última semana por aquí, y dos meses anteriores por Andalucía.
No me deja de sorprender la gente que viéndote por la primera vez en la vida, te da dos besos y entonces puedes sentir como tus mejillas y mejillas del desconocido se pegan y despegan dejándote su sudor en tu cara. Prefiero un saludo polaco, que es dar mano.
No me deja de sorprender la gente que teniéndote a un metro de distancia, muchas veces en espacio cerrado, se comunican contigo gritando, como si estáis los dos en un festival a dos filas de distancia.
Pero tampoco me deja de sorprender la gente que no te verá nunca más y sabiendo eso es maja y te sonríe como si quisiera hacer amistad contigo.
Al final la esencia del cualquier país es su gente, y eso le hace a España diferente de Italia, Francia, Alemania o Polonia. Y me gusta.

martes, 13 de marzo de 2018

En el tren otra vez

No se porque la mayor motivación me viene cuando estoy de viaje. Esta vez no es ningún viaje de los aventureros, sino de un pueblo a una ciudad alejada 70 kilómetros del dicho pueblo. 

La estación de trenes en Dzierżoniów

La vida me sorprendió otra vez. Podría ahora estar en España, pero estoy en este tren. Y fui yo quien tomó la decisión tan desagradable, pero espero que ventajosa. Pues decidí de quedarme en Polonia hasta las vacaciones y trabajar en mi profesión.

Midiendo la combadura

Los días pasan bastante rápido. Entre semana trabajo, y los fines de semana paso en mi pueblo entrenando y haciendo todo esto que no podía hacer cuando estudié. No es nada increíble, pero me siento bien haciéndome la comida rica, leyendo libros que no sean de construcción ni Eurocódigos, saliendo de paseos que luego se transforman en entrenamientos. Siento que por fin descanso.

Fin de invierno en el campo de mi pueblo


Hace un mes he conseguido un título que ya para siempre irá delante mi apellido: ingeniera. No voy a entir, me gusta. Me siento que ya he conseguido una pequeña cosa durante estos veintitrés años que ando por esta tierra. Aunque me falta mucho para sentirme cumplida. Pero de esto trata la vida. Creo que cuando para uno llega el momento en que piensa "me siento realizado, ya no hay nada más en este mundo que quisiera lograr", su vida se vuelve aburrida. Le admiro mucho a mi abuelo que a pesar de la edad que tiene y que es de verdad impresionante, siempre tiene planes de corta y larga distancia. Creo que esto le da esperanza a pasar bien el porvenir y sinceramente quiero tomarle por modelo.
También últimamente me di cuenta que cosas que nunca hubieras pensado sobre alguien pueden ocurrir dentro de tiempo tan corto que ni lo esperas, ni te da tiempo a prepararte para esos cambios.