Estoy derrotada del calor. En la cama. Por la puerta abierta entra al cuarto el olor de alitas de pollo que están siendo preparadas. Me gusta el olor, mas bien porque tengo hambre.
Estoy en una ciudad grande con playa. Cada día me meto en la piscina o mar y la verdad es que esto te da la vida esos días calurosos y húmedos.
He pasado la última semana por aquí, y dos meses anteriores por Andalucía.
No me deja de sorprender la gente que viéndote por la primera vez en la vida, te da dos besos y entonces puedes sentir como tus mejillas y mejillas del desconocido se pegan y despegan dejándote su sudor en tu cara. Prefiero un saludo polaco, que es dar mano.
No me deja de sorprender la gente que teniéndote a un metro de distancia, muchas veces en espacio cerrado, se comunican contigo gritando, como si estáis los dos en un festival a dos filas de distancia.
Pero tampoco me deja de sorprender la gente que no te verá nunca más y sabiendo eso es maja y te sonríe como si quisiera hacer amistad contigo.
Al final la esencia del cualquier país es su gente, y eso le hace a España diferente de Italia, Francia, Alemania o Polonia. Y me gusta.